Fotografía: Bernardo Caamal

La transmisión oral del movimiento maya.

      26 de julio de 2013, por Bernardo Caamal.

  • ¿Continúa aún la opresión a los mayas peninsulares?
  • 26 de julio, celebración del movimiento maya por la defensa de la identidad, territorio y  lengua.
  • A Mérida no pueden entrar los indios mayas, por eso le llaman “la blanca Mérida.
Mañana 26 de julio, es una fecha muy especial para los mayas sobre todo para analizar los aportes de ésta legendaria cultura en todos los renglones de la vida de quienes viven en este territorio peninsular.
Al caminar por estos lugares, en nuestro paso encontraremos múltiples evidencias de quienes construyeron las majestuosas pirámides de Chichén Itzá, Uxmal, entre otros centros ceremoniales y aún éstos días nuestros abuelos nos continúan legando a través de la historia oral en la cual nos ilustran esos tiempos que ellos vivieron.
De inició para conocer la valía de nuestra cultura, es de interés conocer la forma en que nuestros abuelos perciben la intromisión de los “otros” en nuestra vida, en la historia y el pensamiento de nuestros líderes y de paso lo señalamos a continuación
“U talamile‘ ma‘ k‘a‘ana‘an k cha‘ik k paalal ka ka‘ansa‘ak tumeen le gobiernoo‘; tumeen yaan u k‘askuntik to‘on, uláak‘e‘ ma‘ u cha‘ik u tusko‘on yéetel jump‘éel despensa, le k‘iin kéen úuchuk le je‘elo‘, ts‘o‘ok u topiko‘on tumeen ts‘o‘ok u ma‘ak‘ óolkuntiko‘on -El problema es que dejemos en manos del gobierno la educación de nuestros hijos, ellos “nos lo echaran a perder”; asimismo no dejemos que nos engañen con una despensa, porque el día que lo aceptemos, ya nos fregó, porque su intención es manipularnos con estas cosas-, me confiaron en el año 2003, los sabios ancianos de la comunidad maya de Tixcacal Guardia, municipio de Felipe CarrilloPuerto, Qroo.
-Kéen k‘askunta‘ak u tuukul k paalale‘ bix je‘el k ch‘a‘ajóolt u na‘at yo‘olal ka jel múuch‘ xíimbalnak t éetel tu ka‘atéene‘ – Porque el día que el pensamiento de nuestros hijos sean manipulados, cómo podemos reeducarlos para que continúen con nosotros-, recalcaron  y fueron las últimas palabras que tuve con don Marcelino Poot Ek de Tixcacal Guardia.
En aquel entonces, don Marcelino, con su voz pausada, me describió como eligen a sus representantes y cómo funciona el sistema de cargos que tienen en su comunidad, y de esa forma aseguren su autonomía como pueblo.
“Aseguramos que esa persona tenga cualidades, se haya ganado el respeto de la comunidad, tenga palabra y haya cumplido cabalmente todos los trabajos que le han sido encomendados anteriormente”
En Tixcacal Guardia, comunidad que aún guarda celosamente las antiguas formas de organización maya y son conocedores de lo que sucedió en aquella guerra desigual y que los otros le llaman “La Guerra de Castas”.
Aun en éstos días, ancianos mayas, continúan con su labor de informar a los suyos, como fueron esos años terribles y según ellos la opresión continua, saben que donde gobierna el dzul, para asegurar su puesto caciquil, controla los puestos laborales en la burocracia local, la venta de licor y cerveza, los sistemas de cable para manipular la información, acapara la comercialización de los abarrotes y la carne, trafica con la propiedad ejidal y mangonea los programas federales y estatales. Ejerce a diestra y siniestra la corrupción y el clientelismo; éstos caciques feudales son los que ponen y quitan alcaldes a su conveniencia, utilizando a los partidos políticos, sin importarles el desarrollo del municipio y mucho menos el destino de sus habitantes. He aquí la raíz del atraso secular que viven muchos pueblos de la península de Yucatán.
Resaltan “Para que nadie hable, dividen y controlan la información, y los que se escapan de su control, un día desaparece, y todo esto hizo que nuestros abuelos, se adentren al movimiento contra ellos.
-Entonces, por ese motivo en el fondo, los dzules le temen mucho a los mayas.
―¿Por qué fue destruida una gran parte de la fachada principal de la iglesia de Tihosuco? Le pregunté un día  a la abuela. Al respecto me comentó: “Hace muchos años nuestros abuelos,  al revelarse de muchos años de opresión de los dzules –clase aristócrata incluyendo al clero–, destruyeron e incendiaron varios edificios públicos de relevancia, sobre todo los edificios religiosos donde ellos constataron que sus familias fueron vejadas, violadas o asesinadas sólo por no acatar los principios de la religión católica.”
―¿A poco?
―¡Hijo! hay muchas cosas que no sabes. Éstos lugares siguen siendo sagrados para nosotros, porque a pesar de que destruyeron nuestros centros ceremoniales para construir los suyos (iglesias y conventos), hay cosas muy nuestras que aún conservamos. Recuerdo un día en que tu bisabuelo, a pesar de nuestra corta edad nos decía cómo era la vida de antes y durante el reinado de los hacendados, y desde la llegada de éstos, la figura y símbolo de la cruz se usó para matarnos o ser perseguidos sólo por el hecho de honrar a otros dioses, como Yum Cháak (él de la lluvia), Yum K’a’ax (de los montes), los aruxes (los cuidadores de la agricultura y del monte) entre otras ceremonias ―destacó y continuó contando:
―Años más tarde. los huaches –extranjeros-, se dieron cuenta que también nosotros usamos esa misma figura, eso reveló porque. en la región, la cruz tuvo tanta vigencia incluso por eso les llamaron los Mayas Cruzo’ob.
La cruz, representa la vigencia de las deidades mayas y está relacionada con los cuatro puntos cardinales de la milpa. En sus lados extremos, se encuentran los dioses protectores de la vida y de la generación de alimentos, mientras que la cruz de los hacendados, es representado por la figura mítica de Jesús –, el cual es usado de acuerdo a la conveniencia y a los intereses de los huaches y de sus descendientes, por eso para diferenciarlos al del mayab se le dio huipiles y collares desi’sim -la flor de una planta medicinal que cura la tos y las flemas.
En toda la región maya Cruzo’ob -me compartió Roger Cauich, en el año 2003- por estos rumbos, durante el mes de marzo, siempre le rinden culto a la Cruz Maya, y en todas estas actividades se incluye el sacrificio de un sinnúmero de cerdos para hacer el chimole’ y es acompañando con la música sagrada del Mayapax, y lo mismo sucede en el k’a’axche’(lugar donde se hace la corrida de toros), siembran el ceibo y lo adornan con alimentos, como si fuese un árbol de navidad. En los poblados cercanos a Noj Kaj Santa Cruz Balam Naj Naj K’anpokolche’ Kaj -hoy Felipe Carrillo Puerto- aunque le rinden culto a una diversidad de santos, generalmente son sustituidos con la figura de la Cruz, por eso detrás de éstas fiestas, está el milenario culto a los dioses mayas.
La abuela me compartió más sobre su vida:
―En mi infancia vi muchas cosas que sucedieron en Dzulá- una de las comunidades ubicadas en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, Qroo-. Recuerdo cuando nos escapamos de la masacre que ocurrió en ésta comunidad. Mi papá se enteró a tiempo de este peligro y le dijo a mi mamá: “Mata unas cuantas gallinas, ásalas y eso vamos a llevar para comer en el camino.” Pensé: “Para que rinda más mejor las hago en caldo”, y cuando él llegó me dijo: “¡No podemos llevar nada que tenga caldo!”, fue cuando traté de enmendar mi error, era algo tarde, pues la carne no estaba bien cocida, así que la puse en la servilleta y salimos del pueblo en dirección a Chikindzonot. Teníamos muchas gallinas, cerdos. Pregunté: “¿Papá, por qué los tenemos que abandonar?”.  Contestó casi a punto de llorar: “¡Vamos, corran! luego te explicó”
Años más tarde, tu abuelo me explicó porque salimos de esa manera en el pueblo: “¡Hija!, cuando esa gente llega: matan y se llevan todo. El resto lo queman y dicen que para que los wit’o’ob -otra forma en que son llamados los mayas oriundos de esta región- dejen este movimiento. Continuó la abuela:
-Ese día que salimos de Dzulá, eligió el camino más largo y no tan conocido de los soldados que venían de Xyatil, coludidos con otros traidores de las otras comunidades aledañas, de hecho son los que robaban, violaban a las mujeres y mataban a la gente.
Mi padre era muy conocido en la región, su nombre fue don José María Chan, tuve la fortuna de acompañarlo. Tuvo 8 hijos, de éstos, 3 fueron varones y el restante fueron mujeres, de acuerdo a mi madre, nací cuando él tenía más de 70 años, él me enseño los secretos de cultivar la tierra, incluso vi como pescaba al secarse la laguna K’ana’ab, con él nunca nos quedamos sin comer, era un hombre muy sabio. Cuantas atrocidades no hemos pasado ―dijo con los ojos vidriosos a punto de llorar. Al darme cuenta de éstos momentos, pasé mis manos por su cabello canoso, y continuó con su relato:
La abuela prosiguió: “En esos años aunque íbamos a la misa que hacían los curas, como el sermón era en latín no le entendíamos  y luego durante la ceremonia siempre nos daban la espalda; según mi papá, ellos violaron a muchas niñas en estos conventos y para que nadie los descubriera, las obligaban a abortar, por eso cuando inició el ba’atéeltáambal -la guerra de castas-, en represalia, fueron los primeros edificios en ser derribados. Otras cosas que sabíamos era que al confiarles “nuestros pecados” o algún mal pensamiento en relación de que ya nos cansamos de tantas maldades que nos han hecho los dzules, le pasan esta información a éstos, y ellos buscan una oportunidad para callarnos de manera definitiva.
Con éste argumento de la abuela, me aclaró porque la iglesia de Tihosuco se encontraba de ésta forma, y pude relacionarlos con los otros centros religiosos de Yucatán, como los de Ichmul y Chukindzonot, Tiholop, Tahdziu, entre otros tantos que fueron incendiados durante este movimiento social. En los últimos años algunos han sido reconstruidos, y de esta forma prácticamente desapareció la huella de ésta parte histórica del movimiento que diezmó a la comunidad maya. Pero, por doquier hay relatos, como es el caso de Yaxunah -comunidad que se encuentra a unos cuantos kilómetros de la cabecera municipal de Yaxcabá-, en el año 2000, unos abuelos me compartieron sobre esta época muy dolorosa para su pueblo Los soldados masacraron a la gente y colgaron a los líderes mayas. Recuerdo un día que me contó mi padre sobre el caso de uno de sus amigos de la infancia. Él, a pesar de sus escasos 9 años de vida, como no podían salir sus padres, él decidió ir por un poco de leña y algo de comida a la milpa, y en ese lugar masacraron al niño sin piedad.
Don Pedro Itzá, de la comunidad que lleva el mismo nombre, ubicado siempre en el territorio de Yaxcabá, me compartió anécdotas que ilustran como los bata’ab-autoridades locales y caciquiles- en común acuerdo con los dzules, aplicaban una ley para los varones que deseaban casarse. Él requisito era que pagaran contribución, y si no lo tenían, eran enviados para la construcción de la línea férrea que unía Mérida con Peto ó con Sotuta.
―¡Hijo! –dijo don Pedro Itzá-, ahí ves cuánta gente lleva piedras en su xu’ux -canastos hechos con bejucos-. Aquí no basta con tener fuerza. El problema es que ellos al no darte la alimentación adecuada, luego te exigen muchas horas de trabajo y más los golpes que te dan los capataces, terminan por dejar a uno en muy malas condiciones, en mi caso, como mi abuelo le enseñó a mi padre a tejer los xu’uxes, pues le fue un poco mejor, y siempre buscaba la oportunidad para aconsejar a sus amigos:  “Cuando veas que no hay mucha vigilancia de los capataces, no llenes tu canasto, para que aguantes el día, y sostenlo como si tuviese muchas piedras y al llegar donde lo vas a dejar, no lo avientes para que caigan las piedras, sino embrócalos para que no se den cuenta de la cantidad de piedras que llevas.”
Además se cuenta, que en otros lugares, los hacendados aplican el derecho a la pernada con las familias que están bajo su dominio, al tener a la mujer en su noche de boda y con ello asegurar que el primer hijo sea de él, mientras que el marido es dominado en los campos de cultivo para que pague sus deudas en la tienda de raya y embrutecido con alcohol, con esto, el patrón asegura la prosperidad de su rancho.
Por su parte la gente de Tiholop, Yaxcabá, me relató que muchas personas murieron aplastadas dentro de la iglesia al ser derrumbado el techo. Noté también que por las salidas del pueblo, era común encontrar inmensos solares bardeados, abandonados y con pozos, eso daba entender que eran lugares muy poblados y que durante el movimiento social mucha gente murió o en su caso abandonaron este lugar, y esta característica es similar a lo que encontré en Tahdziú y en otros pueblos de Yucatán.
Ahora, ¿cómo reconstruir esa historia para conocer lo que realmente sucedió en esos años? Y de esa forma, tener una panorámica real de esa época, incluso tener en cuenta cómo la gente enseñaba a sus hijos al trabajo de la milpa, el uso de las plantas medicinales, y la forma idónea para honrar a los Yumtsilo’ob (dioses mayas), porque en los libros de historia sólo encontramos escritos de los “ vencedores” y no de los “vencidos”.
A pesar del paso de los años, lo cierto es que persiste en la memoria popular de nuestros pueblos la otra parte de la información sobre el movimiento social que inició formalmente en el año de 1847. Los abuelos, son quienes se han preocupado por mantener vigente esta historia oral en nuestro pueblo.
En nosotros queda la reflexión en cuanto a los resultados de ese movimiento social que inició el 18 de julio en el sureste mexicano, y entre los principales dirigentes, estuvieron don Cecilio Chi, don Manuel Antonio Ay Tec y don Jacinto Pat.
Asimismo, reconocer el aporte de algunos historiadores al señalar que  fue un movimiento social rural, y considerarlo como una forma de expresión ideológica conocida como “rebelión” por la autonomía comunal y se caracterizó por la búsqueda de la conservación de la tierra comunal, el idioma, una ideología propia, formas tradicionales de trabajar la tierra, organización social específica para el reparto o usufructo de la tierra y una jerarquía política propia.
La situación de dominación en que se encontraban, como generador de la lucha. Fue un enfrentamiento como grupo dominado y no como grupo étnico diferente. La nominación generalizada como “Guerra de Castas”, aunque ésta no expresaba el contenido de la lucha, ya que los grupos indígenas no constituían castas ni tampoco la sociedad en que estaban inmersos eran una casta. Tampoco representaban la lucha entre clases estrictamente antagónicas, ya que el grupo indígena participaba en su conjunto con todos los sectores de clase y las diferencias sociales que tenían en el interior de la comunidad. Es decir que participaban desde el cacique hasta el indígena sin tierra. Eran rebeliones que luchaban fundamentalmente por su autonomía comunal y que se expresaban como guerras entre dos sociedades distintas, pero siempre expresando claramente las contradicciones políticas. Por otro, el movimiento tuvo matices tanto políticos como económicos. En el contexto político, la Guerra de Castas fue influenciada en parte por el movimiento de insurrección nacional posterior a la Guerra de Independencia, dada la explotación excesiva de los trabajadores del campo y la lucha por el poder de los llamados batabes o caciques mayas, y en el contexto económico, por la carga excesiva de impuestos y el despojo de la tierra que sufrían los campesinos indígenas de la Península de Yucatán.
En ese tiempo, la rebelión maya pretendió acabar con el sistema colonial semi esclavista imperante en Yucatán, en el que los indígenas, arraigados en una hacienda, a cambio de una choza, un pequeño lote para cultivo doméstico y un reducido jornal en parte pagado en especie mediante tiendas de raya, trabajan de sol a sol, encadenados por las deudas, embrutecidos por el alcohol, apaciguados por la religión y amenazados por la policía y el ejército, sin más esperanza que la muerte liberadora.
Datos oficiales, dan fe :“Los mayordomos, mayorales y vaqueros no pueden cambiar de residencia si no exhiben la boleta de libertad de gravamen. Además, por ley del 23 de noviembre de 1833, todos los varones, de los 16 años cumplidos hasta los 60, están obligados a dar una contribución de 12 reales al año, pagaderos por mitad el día primero de junio y de diciembre. Además todos están sujetos a los altos aranceles parroquiales.”
Asimismo, la sociedad se fundamenta racialmente. A Mérida no pueden entrar los indios mayas; de este hecho le viene lo de “la blanca Mérida”; no por ser muy limpia o estar pintada de blanco, sino porque en ella sólo pueden vivir los blancos, es una “ciudad de blancos”; los indígenas viven en la periferia, fuera de los límites de “la ciudad blanca”.
El movimiento social maya tuvo una duración de 54 años y su período más sangriento tuvo lugar entre los años 1847 y 1851, y en este mes de julio no basta con conmemorar esta lucha heroica de nuestro pueblo, sino en que hemos contribuido para que la gente de nuestras comunidades asuman su libre desarrollo y que se garantice el futuro de los jóvenes, en tanto, hoy en los centros ceremoniales de Quintana Roo, como Tixcacal Guardia, Chumpon, Chancah Veracruz, Cruz Parlante y Tulum, y los de Yucatán,como Chichén Itza, Uxmal, entre otros, brillan de nuevo en nuestra memoria para recordarnos que aún estamos en territorio maya y el tsikbal fluye con más intensidad y que nos recuerda, que hay que luchar para la defensa de nuestro patrimonio y para asegurar la esperanza a nuestros hijos.